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Primeros días de Prácticas

Durante los primeros días de prácticas, la acogida en el centro fue muy cálida y positiva. Desde el inicio me sentí bien recibida por parte del personal administrativo, la directora y el equipo técnico, lo que facilitó mucho mi incorporación al espacio. Laura, la directora del centro, me acompañó en un recorrido por las instalaciones para mostrarme los distintos espacios y explicarme los servicios que allí se ofrecían. Posteriormente, me presentó al equipo técnico, integrado por dos fisioterapeutas, la trabajadora social, la integradora cultural y la psicóloga clínica, quienes también me brindaron una bienvenida cercana y amable.

Después de este primer acercamiento institucional, pude comenzar a conocer a los residentes y también al resto del personal del centro, como auxiliares, enfermeros y médicos, acompañada por la psicóloga clínica. Ese primer contacto con la vida cotidiana de los residentes fue profundamente impactante, especialmente al observar que muchos de ellos presentaban demencias avanzadas. En los días posteriores, al participar más directamente en las funciones desarrolladas por la psicóloga, pude observar de cerca las intervenciones de estimulación cognitiva orientadas a mantener las funciones básicas que las personas residentes aún conservaban y a ralentizar, en la medida de lo posible, su deterioro. Me impresionó especialmente la manera en que se manifiesta el Alzheimer, con momentos de lucidez que parecen surgir con claridad y desaparecer casi de inmediato, así como la fluctuación emocional que puede darse a lo largo de un mismo día.

Durante esa primera semana fui comprendiendo que el centro no solo funcionaba como un recurso asistencial, sino como un verdadero hogar para muchas personas mayores. También pude percibir el esfuerzo constante de los trabajadores por sostener una atención integral, que no solo cubriera las necesidades físicas, sino también las sociales y emocionales de los residentes. Poco a poco, comencé a proponer pequeñas actividades que me permitieran acercarme más a ellos; en ese proceso, la música se convirtió en una gran aliada para establecer un buen rapport y empezar a identificar tanto las necesidades de los residentes como las del propio equipo profesional. Además, colaboré con el personal de cocina y de planta durante los desayunos, un espacio que me permitió conocer más de cerca la dinámica interna del centro y fortalecer el vínculo con los trabajadores. En conjunto, esta primera aproximación ha sido profundamente enriquecedora tanto a nivel personal como formativo.

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